jueves, 15 de enero de 2009

Odio los microondas, pero mas odio que sean tan útiles.

Siempre dije que nunca me compraría uno, el problema es que cuando llegué a Paris ya estaba comprado. Al principio no lo usaba, lo miraba de reojo, no me acostumbraba, pero ya saben cómo es esto uno lo ve ahí, tan lindo, tan blanco, con tanta luz y sobre todo….TAN RAPIDO!! Lo usé. Y poco a poco ese horrible aparato se convirtió en mi amigo. Aun sigo pensando lo mismo acerca de ellos, y por eso es que los odio, porque no los quiero y los necesito. Aunque seamos sinceros, tampoco son una necesidad, la única verdadera necesidad acá es la nuestra y es la necesidad de facilitarnos la vida con estupideces. Yo no entiendo, antes no había microondas, no había lavarropas automáticos, ni lavavajillas, ni multiprocesadoras. Antes se lavaba a mano, se picaba la cebolla y se lloraba, la leche se calentaba en el jarrito de metal y aun así las mujeres tenían tiempo para tejerles gorritos de lana a sus hijos, para hornearles galletas y asistir a las reuniones escolares ellas mismas.Y hoy que “todo está simplificado” no hay tiempo para nada.Pero no voy a desvariar, volvamos a lo que nos compete. ¿Qué es lo que nos llama la atención del microondas? ¿Serán sus bonitos relojes? Yo creo que el microondas tiene una filosofía particular: uno se queda ahí, viendo como gira la bandeja interna y como se va cocinando todo. Y es un poco como la vida, vio usted, todos estamos metidos en un microondas gigante, todos nos estamos cocinando mientras el mundo gira y gira y somos el alimento del sistema político-comercial que nos observa detenidamente, que son nuestro espectador favorito.
Varias veces me propuse dejar de utilizarlos, pero la costumbre(o malacostumbre) me termina ganando. Por suerte solo me pasa con el microondas, el resto de las cosas me parecen sumamente inútiles. Al señor que lo inventó le digo: poca onda tu microondas… pero igual te felicito. Si, lo felicito, porque esto es lo que yo llamo “vender un buzón” te logran vender algo que no es necesario y uno lo compra. Por lo tanto concluyo como empecé: Odio los microondas…pero más odio que sean tan útiles!!

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